Ayer se volvió a jugar otro partido de nuestra selección: la española.
No voy a escribir sobre el partido, porque ya estará todo dicho (qué sufrimos, que salimos nerviosos, que no dimos ni una en la primera parte y en el comienzo de la segunda, que llegaron una vez y nos la metieron y que Casillas ya no es el portero menos goleado aunque sea por un gol).
De todos los jugadores que hay en la selección hay uno que aunque marcará 5 goles en un partido, seguiria escupiéndole improperios, acordarme de toda su familia, renegando de él... y ése es Fernando Torres.
Yo no voy a crear ni un debate ni nada por el estilo, porque ni tengo ese gran poder de sugestión, ni soy ídolo de masas y para que nos vamos a engañar este blog debe ser el menos leído de toda la historia de los bloggers. Tampoco es mi intención ser el más leído(pero me gustaría).
A lo que vamos. Lo mismo que desde hará un par de años, Rául es el jugador del Universo más debatido, puesto en entredicho, juzgado por toda la prensa, diciendo de él, que si está acabado, que ya no es el que era y miles cosas de más. Fernando Torres es la cara del fútbol español, debe caer bien a la prensa española o debe tener un pacto multimillonario para que periódicos como el As y emisoras de radio como la Ser sean proTorres, porque hablan maravillas de él. Defensores a capa y espada de ese niñato.
Y sinceramente, ¿qué ha hecho Fernando Torres antes de llegar al Mundial?. Nada. Jugar en el Atlético de Madrid, y con eso está dicho todo.
Ahora en el Mundial, sí, lleva tres goles en el Campeonato por Excelencia; pero ¿y las qué falla estrepitosamente?. Torres corre como nadie, regatea como los ángles cuando el viento le sopla de cara; pero cuando tiene que definir, ¡qué no sabe!, la lanza a las nubes o hace un pase a zona de nadie. Aparte de estar siempre comiendo hierba, que por cualquier golpe que le dan ya está tirado por los suelos.
Y a eso quiero ir a parar. Cuando el árbitro pita la pena máxima. Por Dios, ¿quién le ha dado los galones a Torres para que sea el quién tire los penalties?. Si no sabe, si ni él mismo se cree que pueda colarlo. Vale que en Croacia fuera un amistoso, vale que contra Túnez el partido estaba casi resuelto, vale que sea un capricho para el niño; pero por la madre que nos parió a todos, más adelante que lo tiré otro (no Rául)... otro.
Anoche vi un episodio más de Perdidos en el Digital y me siento un priveligiado, paso de ver la serie con subtítulos en español y de la gente que dice que es mejor verla en versión original.
Vale que algunas producciones estén mal dobladas y esas historias varias; pero sin lugar a dudas, nuestro país está considerado uno de los mejores en el doblaje. Y a mi parecer la serie Perdidos es un buen ejemplo; aunque todo es cuestión de cómo estés acostumbrado a verla.
A lo que realmente voy con este artículo es al episodio y sin intentar desvelar nada, pienso contar (paso de estudiar, no tengo la cabeza para memeces) la sensación que tengo a cada episodio, que al menos me entretiene. ¡Qué para algo me gusta escribir!.
¿Cómo se puede hacer dos episodios chorras' (escribo dos, porque el anterior al de ayer -el de la semana pasada- también lo fue), mostrándonos unas historias (flashbacks, para quiénes la vean) de los personajes tan insulsas e intrascendentes, que apenas tienen relación con la historia de la isla, y como llovido del cielo, se saquen un ápice o apunte algo inesperado y consigan encubrar el episodio a una obra maestra, como lo fueron los episodios de los Números de Hurley, cuando descubrimos que Locke era minusválido?.
Realmente no voy a esto tampoco, sino más bien quiero hacer una crítica a la serie o al propio espectador. ¿Cómo nos podemos tragar una serie que llevan dándole vueltas a lo mismo, a la misma perdiz, que ya debe haber pirado de dar tantas vueltas sobre sí misma?, y es que no paran de mostrarnos situaciones límites, que cuando uno se cree que por fin nos van a contar que está pasando ahí, uno de los personajes salta con otra cosa y tú dices: ¡pero quieres dejar hablar al otro, que sabe lo qué hace, y tú eres un cantamañanas!.
Y es que aquí llevamos desde que empezó la serie, unos diálogos que a veces no sabes por donde cogerlos, que debes ver una vez y otra, pensando que no te has enterado de algo porque estabas distraído (cosa rara), para seguir quedándote la cara de gilipollas, no tonta, gilipollas (es que en Perdidos es un nivel mayor). Si te preguntan, ¿qué hora es?, tú porque respondes "mañana hará buen día". Nadie responde así, a no ser que seas gallego, que respondes con otra pregunta.
Eso pasó ayer, cuando el cazador blanco (Don Limpio) le preguntó a uno de la isla: ¿cómo sabía su nombre?, y cuando creía que se iba abrir el cielo sobre mí (al menos un poco, porque ya estoy curtido en mil batallas viendo la serie) y éste iba a responderle. Salta el médico (hombre comprometido '¿sin fe?'): "¿qué es lo quiere?,¿de qué quiere hablar?". Pero ¡¿qué pasa contigo?!, ¿qué pasa que no te enseñaron a esperar tu turno?, ¡qué te tienes que esperar para hablar cuando los otros hayan terminado de hablar!, ¡qué no puedes interrumpir conversaciones ajenas!, ¡si no te hablan a ti, te callas!. Hay que tener más respeto por las personas mayores.
Hoy no es un buen día.
La verdad es que ya es más de uno. Eso que dicen que te ha mirado un tuerto, es mentira, porque los míos se deben haber quedado hasta sin el tercer ojo. Cuando te ocurre algo malo, en este caso, me han robado pero a gran escala, vuelves atrás y ves todo aquello que podría haber evitado, como si fueras un agente del CSI y te pones en plan detectivesco (o en plan hijo de la gran...): no dejar las maletas a la vista, cargar con ellas por la ruta de senderismo, llevarme el coche a cuestas, que la vía verde permitiera la entrada a todoterrenos, haber cogido la cartera que de primeras tenía la duda de si llevarla o no (ya me diréis que necesidad hay de llevar el dinero y las tarjetas de crédito en mitad de la nada), no dejar el frontal de la radio en la guantera, que los ladrones estuvieran de vacaciones y miles de cosas por el estilo.
Y todo esto, cuando para más inri, aparcas delante de un puesto de control de la guardia civil, ni aunque hubieran sido ellos.
Entonces, es el momento en el que supuestamente regresas del más allá para llegar a la civilización, donde te llevas y viajas con recuerdos: la consolación de una triste denuncia que has puesto entre risas complacientes de los agentes de la ley y orden, tu cámara de fotos que has podido salvar y la botella media vacía (no la veo medio llena) de agua que llevaba en la mochila. Para que te digan en la gran ciudad, con su magnífica burocracia (ironía= ¡qué grande es Homer Simpson y su mundo de chocolatina!) que el seguro no me cubren los daños y desperfectos del coche, ni los artículos robados, ni un maldito premio de consolación.
En conclusión, que si de allí marché completamente desnudo y desamparado, doy gracias que no dejaron sin coche, llegó aquí a mi ciudad, Barcelona, para que aparte de quedarme pelotas me pegan el portazo en las narices. ¡Vivir para creer!.
Por eso, la burocracia sólo sirve para quienes la conocen y disfrutan de ella. El resto de mortales nos la meten una a una.